Luces como estrellas caídas
Esa noche el cielo estaba despejado y, apenas el avión empezó a bajar, Luka pegó la cara a la ventanilla. Las luces de La Serena aparecieron de a poco, como si alguien hubiera regado un puñado de estrellas sobre la tierra.
Cada lucecita era una casa, una plaza, un lugar donde alguien esperaba despierto o ya dormía tranquilo. Luka trató de adivinar cuál sería cuál, pero eran demasiadas para contarlas todas.
Un aterrizaje distinto
"De día se ven las montañas y el mar. De noche se ven las luces — y a mí las luces me gustan más, porque parecen secretos" — dijo Luka mientras el avión bajaba.
Cuando las ruedas tocaron la pista, la ciudad ya lo estaba esperando con las luces encendidas, como si supiera que Luka llegaba de visita.







